A raiz del trailer, tenía mucha curiosidad por esta cinta. Candy es una de esas películas, que son demasiado comerciales para ser exhibidas en salas especializadas, pero demasiado poco convencionales como para hacerlo, con éxito al menos, en salas generalistas. Prueba de ello es que en la sesión de las 20,30 de un sábado, yo era el único que se contaba entre el público.

Basada en la novela de Luke Davies, la película narra la historia de amor extremo entre Dan, y Candy, metaforizada en las tres fases por las que pasa toda relación que termina: Cielo, tierra, e infierno. La receta se completa con el tumulto que provoca la adicción a la heroína y otras drogas, y el arte que províene de los poemas y las pinturas de los protogonistas.

La bella Abbie Cornish tiene un papel de aquellos que permiten lucirse, yendo de un extremo a otro, mientras que el equilibrio viene de la mano del tandem formado por Heath Ledger y Geoffrey Rush.

El hilo narrativo es pura metáfora poética, llega con tanta fuerza que igual que la harmonía nos embarga tal y como es, de igual modo nos hunde la desesperación y el horror.