El pasado domingo, aprovechando que tenía grabada la película El Club de la Lucha (1999), aproveché para volverla a ver.

Este artículo no es una crítica cinematográfica al uso de la cinta, sino más bien una reflexión sobre lo que a mi me ha comunicado.

No hace falta decir que si la primera vez que la vi, la película me encantó, esta segunda vez, pude percibir matices que habían pasado desapercibidos, y que hicieron que me maravillara todavía más.

Por algún motivo irracional, estoy convencido que la película ejerce un efecto premonitorio en mi vida. No se como explicarlo bien, pero el caso es que me han ocurrido cosas, que de una forma muy subliminal se ven reflejadas en la película.

De toda la película me quedo con la escena final, cuando de forma muy metafórica se empieza a derrumbar el capitalismo tal y como lo conocemos, mientras Jack se desangra.

De fondo suena Where is my mind de los Pixies. Marla y Jack se cogen de la mano, y Jack le dice: "Creo que me has conocido en un momento extraño de mi vida".

No tiene sentido que ahora que os he explicado el final, os recomiende la película, pero si no la habeis visto, teneis que verla.

Se discute el dilema ancestral de ¿Cómo somos? enfrentado con el ¿Cómo nos gustaría ser?. Intenta explicar también por que los que ahora rondamos la treintena, somos como somos.

El Club de la Lucha, sin duda incita a la reflexión, y lo hace de una forma poco común en el cine.

Parafraseando la película, soy el corazón cansado de Guti.