Después de leer ¿Por qué G-Shock publicita sus “throw back 1983” con “Electric dreams”? en ZonaCasio, no pude evitar volver a ver la película Sueños Eléctricos (Electric Dreams). Está disponible en Youtube, tanto en español como en ínglés, yo preferí descargarla.

Así como Risky Business o Juegos de Guerra entre otras, marcaron mi juventud, Sueños eléctricos pasó bastante desapercibida. Una película entretenida para un sábado por la tarde en vídeo VHS. Tiempo después la volvería a ver, de ello hará 15 o 20 años, y la impresión fue la misma.

La volví a ver, esta vez con la mirada actual. Me llamó la atención la producción de Virgin Films, el amigo Branson, ya se implicaba en la tecnología como ahora le conocemos (y en la fórmula 1: Richard Branson en la F1 de 1984).



La película, estrenada en 1984, cuenta la historia de un nerd, aún me acuerdo cuando lo traducían como empollón, pero que de manera sorprendente, no se dedica en absoluto a la tecnología. Estamos en los 80, y la electrónica de consumo empieza a invadir nuestras vidas, al menos la de aquellos que pueden costearla. Nuestro protagonista, Miles Harding (Lenny Von Dohlen), busca un organizador electrónico que le ha recomendado un compañero de trabajo, y le muestra su Casio PB-100.



Se dirige a la tienda de informática y electrónica, y la dependienta le indica que los Casio day planner se han agotado, algo que debía ser bastante cierto, y le ofrece un nuevo ordenador personal a precio de coste, algo que debía ser poco cierto. Quizás el PB-100 no fuera lo más recomendable para sus necesidades, teniendo cosas como el Datacal, o los Digital Diary. El nuevo ordenador, en seguida empieza a absorber conocimiento, a mejorar sus capacidades de inteligencia artificial (IA), y a cambiar la vida de nuestro protagonista, en este caso, a mejor.

La película muestra sus capacidades de síntesis de voz, control domótico, y de aprendizaje, algo que ya se había visto, o leído con anterioridad, pero que en aquellos años, estaba por venir. Al día siguiente leía en La Vanguardia el artículo La próxima ventaja competitiva escrito por mi amigo Xavier Ferràs. En él comienza hablando de como AlphaGo de Google venció al mejor jugador de Go del mundo, Lee Sedo.

Puede parecérnoslo, pero no es nada nuevo, IBM Watson venciendo en Jeopardy o IBM Deep Blue contra Gary Kasparov en ajedrez. Antes lo fue Chinook en las damas. Todavía queda Arimaa, un concepto de juego diseñado específicamente para resultar difícil a las inteligencias artificiales.

En el artículo se nos anticipa que superarán a los humanos en diferentes ámbitos: traducción de idiomas (2024); redacción de ensayos (2026); conducción de camiones (2027); trabajar de dependientes (2031); componer una canción pop (2036); escribir un best-seller (2049); trabajar como cirujano (2053) o realizar investigaciones matemáticas (2059). En última instancia, reemplazarían todos los trabajos humanos a partir del año 2140. Algo que ya os dejaba entrever en Tecnología, productividad y sueldos.

Lo que Xavier no menciona, es que esos datos provienen simplemente de una encuesta organizada por las universidades de Yale y Oxford (When Will AI Exceed Human Performance? Evidence from AI Experts), realizada a 352 expertos en el campo de la IA, y que por tanto, están influenciados por tendencias recientes en cuanto a grandes progresos llevados a cabo últimamente.

Ciertamente desde sus orígenes, los ordenadores no han dejado de ser calculadoras enormemente potentes. A base de fuerza bruta en cuanto a cálculos artiméticos y evaluaciones lógicas pueden tratar de manera automatizada enormes volúmenes de información, lo que ahora llamamos Big Data, y que ya viéramos en 1889 en la Oficina de Censos de Estados Unidos. Ahí tenemos también al olvidado Leonardo Torres Quevedo con su autómata para jugar al ajedrez.



Con una Ley de Moore que sigue vigente, y que duplica la potencia informática cada 18 meses, no debemos extrañarnos que un móvil esté equipado con algo como Siri, cuando hace 20 años, IBM VoiceType/ViaVoice, se las veían y se las deseaban. Vuelven a ser ejemplos de cálculos por fuerza bruta, una cosa es el Big Data, y otra totalmente diferente el Good Data.

En absoluto me considero un experto en la materia, ya me gustaría, pero si que reconozco que tengo cierta capacidad de anticipación. Hablando de memoria, recuerdo programas en BASIC en los 80 que componían poemas. Muy rudimentarios claro, y a veces sin sentido. Pero es cuestión de tener ciclos de computación de sobra, añadir tablas de frecuencia por aquí, análisis sintácticos y semánticos por allá, etcétera. La misma idea original, pero con nuevas capas que discriminen y mejoren. Aunque a muchos nos moleste, las capacidades humanas no consisten únicamente en el análisis de datos, y por tanto, salvo que su modo operativo cambie, es complicado que nos reemplacen completamente. Simplemente porque no son capaces de hacer las mismas cosas que nosotros. Tal vez el nuevo salto, llamemosla computación cuántica, o cerebros positrónicos si que se acerque más al funcionamiento de nuestro cerebro.



Recuerdo cuando era niño, al usar mi primera calculadora, pensé que no era necesario que me aprendiera las tablas de multiplicar. La calculadora se las “sabía”. Luego pensé que estaba claro que la calculadora era un invento mucho más listo que yo. Con aquella edad, no conocía los logaritmos, y ella sí (además los calculaba muy rápido). De aquello han pasado 35 años, y la calculadora aún la conservo guardada en un cajón, y a mi las tablas de multiplicar y los logartimos me han servido. Tampoco ha conseguido reemplazarme.

Me encanta la tecnología, creo en ella y en sus posibilidades de hacernos la vida mejor, pero es un instrumento, una ayuda. Desde que éramos cazadores estamos esperando que llegue el momento en que podamos vivir sin tener que hacer nada, ojalá que escojamos el camino del altruismo, la generosidad, el arte y la ciencia llegado el momento. Pero a corto plazo, no será así.

En cuanto a Electric Dreams, mejor que nos quedemos con la música de Phil Oakley y Giorgio Moroder, la ropa, los peinados, aquella esperanza ante el futuro, y los coches…