En la sociedad en la que vivimos, es cada vez más frecuente criminalizar exageradamente los hechos que se salen de lo habitual.

Es el caso de la Gumball 3000 del pasado año a su paso por tierras catalanas, donde las autoridades controlaron las imprudencias con brazo férreo.

Hace no demasiado, a los ricos les estaba permitido el incumplimir de las leyes, al menos algunas de ellas.

Ahora solamente las pueden infringir los políticos…