Veréis, había decidido usar un tarjetero para llevar mis tarjetas separadas del resto de documentos que llevo en la cartera. La premisa era la misma, una precaución más a como explicaba en Qué hacer si pierdes la cartera. Mi planteamiento es que si me roban las tarjetas, pero no el dinero que llevo en la cartera, o a la inversa, sería menos traumático que si me robaban o hurtaban todo de golpe.

Así que me puse a buscar una de esas cajitas de metal para guardar las tarjetas, sin demasiado éxito. Encontraba de esas chinas baratas, y nada más. No me pareció mal, podía salir del paso con una de 2€, y si lo veía práctico, buscar una mejor. En seguida le vi su utilidad, y de casualidad en Bolsos Quim (C/Gran de Sant Andreu 114), me topé con los Ögon. Expuestos en el escaparate se veían de excelente calidad. No conocía la marca, pero el reclamo del Made in France me convenció.



Decidí informarme en la página web oficial. Primera sorpresa, los precios, el más barato era el modelo Stockhokm de 29€, mientras que su versión en fibra de carbono subía hasta los 130€. Me gustaba el exterior rugoso, imitando un acolchado del Quilted Button, así que volví a la tienda a ver cuánto me pedían. El mismo precio de la web, así que me lo quedé. Realmente estamos hablando de un artículo que cuesta 20 veces más que su variante china, y tienes que estar muy convencido para hacerlo. Digamos que mis cálculos iniciales, estimaban unos 15€-20€ a lo sumo.

Ögon Designs, es una empresa relativamente nueva, pues se funda en París en 2004, y tienen el honor de ser el primer fabricante en lanzar un tarjetero de aluminio ese mismo año, precisamente el Stockholm al que hacía referencia. Se les denomina tarjetero inteligente (Smart Wallet), y lo son por un motivo. Cumplen el estándar RFID Safe, que bloquea el acceso a las señales de radiofrecuencia. Seguro que habéis oído en las noticias el revuelo que hay con las tarjetas de crédito Contactless, que permiten compras inferiores a 20€ sin requerir PIN, ni por supuesto firma. Puede que también os hayáis enterado de los nuevos pillos, que lanzados con un TPV como el de las tiendas, recorren aglomeraciones en el metro, en el autobús, o en lugares turísticos. Con que acerquen su maquinita a 10cm o menos de tu tarjeta, podrás haber perdido hasta 20€.



Así que a diferencia de los tarjeteros chinos, con éste, estás a salvo, porque bloquea ese tipo de señales, y mientras tu tarjeta esté guardada dentro, estará a salvo. Al ser metálica, actúa a modo de jaula de Faraday, y protege las tarjetas ante la desmagnetización. Además son resistentes al agua, al polvo, y a los golpes. Con unas dimensiones de 9,8 X 5,6cm, son suficientes para 10 tarjetas de crédito, o unas 12 tarjetas de visita. Aunque ofrecen modelos con mayor capacidad, para mi, que no tengo muchas, es algo escaso, pues si contamos tarjetas de crédito/débito, de fidelización, carnets varios, es fácil llegar a esa cantidad.

El Ögon Quilted Button, está diseñado en Francia por Eric Berthes de Planet Design. Los modelos anteriores, estaban diseñados en Suecia. Muchas veces nos dicen que algo está diseñado en un país europeo, como sinónimo de que es lo único que se ha hecho en ese país, pues la fabricación se lleva a cabo en Asia. En este caso, se fabrican y ensamblan también en Francia (Normandía).

El exterior es de aluminio de procedencia reciclada, anodizado y libre de níquel. Así que es muy ligero (75g), y resistente a la corrosión. Se ofrece en diferentes colores como: oro rosa, rojo, platino, gris, púrpura y negro. El cierre y el pulsador son metálicos, y se puede abrir con sólo una mano. La durabilidad es otro de los pilares de Ögon. Los seis compartimentos separadores, se ven también resistentes y de buena calidad, no como esos que se despegan al tercer uso.



La principal preocupación que tengo es del exterior, indican como precaución que no entre en contacto con objetos metálicos, y en mi caso, lo hará, particularmente con las llaves. Quizás el refuerzo policarbonatado del aluminio lo proteja, o quizás se acabe yendo el color, pero tampoco me importaría demasiado.

Al final es un producto sencillo, del que me ha encandilado su filosofía. Práctico, intentando ser respetuoso con el medio ambiente, producido localmente en Europa, y resistente a todo lo que uno podría desear. Comparativamente carísimo, pero con un precio que casi todo el mundo se puede permitir.