Igual que James Bond era fiel a sus cigarrillos con mezcla de tabaco turco y balcánico que le preparan especialmente para él en Morland & Co de Grosvenor Street, me gusta la fidelidad, saber donde está todo, y esa monotonía en los hábitos.

Como cada año, adquiero mis J’hayber New Olimpo en Gimon Calçats. Es mi peregrinación anual que aprovecha las rebajas de verano, aunque en esta ocasión, con sabor agridulce para descubrir que están en liquidación total por cierre.

Si hago inventario mental de mi entorno, me viene a la memoria Supermercat Pedro, un colmado que me acompañó de niño con los polines, de adolescente con los Risketos de Risi, y de joven con los Magnum Blanco. Teníamos también el Bar El Burgalés, donde en efecto os comentaba que comía gracias a FileOptimizer de tanto en tanto, y unos cuantos más.

Basta pasear por nuestras calles más cercanas, pero prestando atención a aquello que normalmente no vemos, para darnos cuenta como ha ido cambiando el panorama. Negocios que cierran, otros que cambian de manos… Una historia que desgraciadamente se repite, como os comentaba con la Papelería-Librería Boher.

La situación es problemática, por un lado la preferencia de productos baratos y de baja calidad, deja a los negocios tradicionales muy expuestos. Ya no sólo hablamos de zapatos que se compran en tiendas chinas a precios de risa, sino que también las marcas propias de grandes superficies como Carrefour (Tex) o Hipercor (Doc), ofrecen exactamente eso. Prendas de vestir y calzado, muy baratos, y de calidad más bien pobre. De todo ello, y de lo prime, ya os he hablado bastante en entregas anteriores, así que no insistiré.

El siguiente factor, ya no es tanto culpa nuestra, sino de una nueva dinámica de compras por internet, que consiste en abusar de los comerciantes. Es decir, nos acercamos a la zapatería de turno de nuestro barrio, vemos modelos, nos los probamos, molestamos a las dependientas, y cuando hemos encontrado uno que nos gusta, lo compramos por internet. Vemos que los márgenes que se obtienen con las ventas en las tiendas físicas, son muy altos. Unas J’Hayber, se venden a la tienda a unos 28€. Ésta a su vez, nos las venderá a unos 58€ a precio normal, o 48€ en rebajas. Es decir, un margen muy alto, incluso en rebajas.

Si vamos más allá, nos damos cuenta que la política de la marca, es no hacer competencia a las tiendas físicas, por lo que en la tienda oficial online, le ponen un precio de 60€. Algo más caro que en la tienda física, y así todos contentos. Pero no es tan sencillo. Por un lado, tenemos las pequeñas tiendas online, que renunciando a parte de sus márgenes, nos puede ofrecer el producto a un precio algo más barato que esos 48€, digamos 46€. Debemos recordar, que en esta situación, hay un sobre coste debido al envío. No es realmente un problema, esto seguro que entre pagar 48€ por unas zapatillas en rebajas en la tienda de al lado de casa, o 46€ por internet, la mayoría escogeríamos la tienda de barrio. 2€ es una diferencia muy pequeña, que además implica riesgos, y esperas.

El problema son las grandes tiendas como Amazon, no solamente tienen unos costes operativos más bajos, sino que debido al elevado volumen de mercancía que manejan, obtienen precios mucho mejores de los fabricantes. Además, su posición dominante en el mercado, les abre las puertas a apretar aún más al proveedor, y así conseguir mejores precios. Estos precios, por supuesto alcanzan también a las agencias de transporte, que les harán mejores precios. Es algo totalmente comprensible en un mundo global, y con economías de escala.

Sin embargo, si que se deriva de ello el cuarto punto. Este no es ni más ni menos que las directivas europeas que permiten que compañías como Amazon, eBay, Google o Apple, tributen sus impuestos en la CE (típicamente en Irlanda), con condiciones ventajosas sobre España. Es decir, estas empresas, pagan menos impuestos que la zapatería de al lado de casa, y es en cierta forma, competencia desleal.

Resumiendo, estamos ante una situación, de la que todos somos culpables:
1) Preferimos artículos basura, y no valoramos la calidad. Así que compramos a bajo precio en grandes superficies y bazares varios.
2) No valoramos el valor añadido que ofrece la tienda. Ciertamente muchas veces los dependientes son absolutamente ineptos, pero en muchos otros, nos aconsejan, y nos dejan ver y probar el amplio muestrario, para al final acabar comprando el artículo online.
3) La tienda tiene márgenes excesivos. Sencillamente no son viables a día de hoy. Los comerciantes aducen que de otro modo, no pueden cubrir gastos. Tal vez es que esos gastos sean desproporcionados, y lo que deba hacerse sea fijar precios de alquileres, impuestos, electricidad, …
4) Políticas obsoletas, que permiten, al menos parcialmente, tributar en una país comunitario distinto a donde se hace el negocio.