Escribo con tanta frecuencia de zapatillas deportivas, que parece que no me gusten los zapatos. Nada más alejado de la realidad, me gustan, aunque mi estilo en la última década iba más en la linea de los Kelme Urbe, que de los zapatos de vestir.

El caso es que desde pequeño usaba zapatos de calidad, probablemente por el entusiasmo en este tipo de calzado de mi padre, pero con el paso del tiempo, los fui dejando de lado, hasta hacerme un usuario fiel y regular de la gama J’hayber Olimpo.

He tomado la decisión de cambiarlo, y vestir mis pies con un estilo más variado, pero continuando con mi preferencia del Made in Spain. Como pudiste leer en Textil y calzado fabricado en España, por fortuna, todavía quedan muchas empresas que fabrican buen calzado en España, y particularmente en lo que a zapatos se refiere.

Desde aquellas marcas, que apuestan por la máxima calidad como Lottusse o Martinelli; hasta las marcas de la gama media como serían Pitillos, Pikolinos, Callaghan, o Fluchos. Para poneros en contexto, esta gama a la que hago referencia, tiene unos precios, que serían del orden de las zapatillas de gama alta de casi cualquier ropa de marca.

¿Qué nos dan a cambio? Pues una construcción realizada con piel de primera calidad, una fabricación nacional, y habitualmente, parte de su proceso manufacturero llevado a cabo de forma manual (habitualmente el cosido).

Me decanté por Fluchos, una marca que tiene un nombre que me parece gracioso, pero que ubicada en La Rioja (Arnedo), llevan desde 1960 produciendo zapatos de caballero, cómodos y de precio razonable, que por cierto fue mi última adquisición en uno de los protagonistas de comercios que cierran.

Podríais pensar que un zapato clásico, tenga más que ver con el saber hacer, que con la tecnología, pero os equivocaríais. A pesar de su apariencia tradicional, cuentan con novedades tecnológicas como las suelas que utilizan XL Extralight, reduciendo a la mitad el peso, comparado con un zapato convencional, y que además absorbe mejor los impactos.

El modelo elegido, son los Fluchos Jordi, un zapato que me parece clásico, pero compatible con mi atuendo habitual de vaqueros. Debido a la tecnología Extralight que os decía, es por lo que Fluchos los engloba en la gama Fluchos Light.

La verdad es que el zapato es muy cómodo, la piel es suave, flexible y confortable, y la aparente calidad no tiene tacha. No tengo ningún argumento razonable para dudarlo, pero su duración está por ver, quizás el ser tan liviano es a costa de usar materiales menos resistentes, y se desgaste antes que otro tipo de zapatos.

El punto que menos me gusta, es la goma de la lengüeta. En teoría debería ayudar a sujetar el zapato, aportando además cierta elasticidad, pero al principio, aprieta más de lo conveniente. Quizás se deba a la forma de mi empeine, que puede ser más curva de lo normal, a la falta de práctica, o a que no siempre los uso con calcetines de hilo. El caso es que tras ponerlos dos veces, la sensación se corrige totalmente.

Otro aspecto a recalcar, es que a diferencia de las zapatillas deportivas, un calzador es casi obligatorio para podérnoslos poner sin deformarlos. Lo bueno es que además de los calzadores chinos de plástico, tipicos de Ikea, tenemos buenos calzadores de acero inoxidable, también chinos por cierto, que nos durarán muchos años, y a menos de 6€. En este sentido, y comparado con las zapatillas, el tallaje es algo diferente. Mientras que en J’Hayber, llevo un 44, estos Fluchos, son talla 42, y me quedan perfectos. Ciertamente son más flexibles y ceden, pero está claro que las tallas no son iguales.

El packaging, me ha gustado. Aunque es la clásica caja de zapatos de cartón, su color rojo, y la fotografía de la pluma, como símbolo de su ligereza, le da cierta originalidad.

A la hora de caminar con ellos, se nota lo livianos que son. Me ha sorprendido que la suela aísla bastante de las imperfecciones del terreno. Me imaginaba que esa reducción de peso, sería a costa de una peor amortiguacíón, pero no es el caso. El agarre, al menos en seco, es muy bueno. En cualquier caso, muy superior a lo que el sencillo dibujo de la suela puede hacer pensar.

Realmente estoy contento con la experiencia del calzado tradicional, la sigo compartiendo con deportivas, pero me ha gustado retomarlo. Las sensaciones en el pie, y estéticas, no tienen nada que ver, y dicen que en la variedad está el gusto.