Ahora que ya os he hablado de la pulsera inteligente Xiaomi MI Band 1S (Pulse), el tema de hoy quizás os sorprenda. Puede que a raíz de los relojes mecánicos me esté volviendo algo steampunk, pero lo cierto es que los aparatos mecánicos, cada vez me cautivan más.

Parece increíble que en 2017, grandes de la electrónica, aún no hayan conseguido aprovechar la energía de nuestro cuerpo en los dispositivos digitales. Que yo sepa salvo los relojes Kinetic de Seiko que aprovechan la energía cinética para cargar un acumulador, en wearables no hay nada parecido. Veremos que ocurre con el Matrix PowerWatch.

Los Zaria, Zarja, Zora o Zarya se producían en la planta de Minsk (Bielorusia), la misma que actualmente manufactura los Luch, pero también los Vympel. Se puso en marcha en 1953, aunque el primer Zaria no se lanzó hasta 1955.



Si en pleno 2017, tenemos la Fitbit Flex 2, que apenas tiene 4 días de autonomía o la Xiaomi Miband 2, que llega a los 20 días, nos sorprenderá saber que el primer podómetro mecánico, data de 1780, cuando el maestro relojero Abraham-Louis Perrelet, lo creó, aprovechando la base de un reloj automático. A partir de 1900 se irían extendiendo, pero su generalización no sería hasta la década de 1950, que empezarían a popularizarse entre los entusiastas de la actividad física. Me parece lógico que si caminar, produce energía cinética, esa energía pueda ser aprovechada por un podómetro, que virtualmente no necesite ningún tipo de electricidad.

Mi unidad concreta, está fechada el 3 de septiembre de 1969, está cerca de cumplir 50 años, y es por tanto anterior a mi nacimiento. Funciona correctamente, lo que es una prueba más de la durabilidad y la fiabilidad de los aparatos soviéticos, sobre todo de aquellos años. Además, está en un estado completamente nuevo y sin usar (NOS), que por menos de 50€ en eBay, me parece una oportunidad. Incluye si hoja con las especificaciones, funcionamiento y garantía, pero no la correspondiente caja de plástico en la que se vendía.



A partir de los años 1970, su diseño cambiaría, y en vez de un dial con agujas para mostrar los conteos, usarían valores numéricos rotatorios. Parecido a los contadores de las cintas de cassette, o a los contadores manuales, aunque seguirían siendo de base mecánica, hasta bien entrados los años 1980.

El principal inconveniente que tienen, es que su precisión depende en gran medida de la posición en que lo llevemos. Por ello lo habitual, era llevarlo en el bolsillo como si fuera un reloj de bolsillo o en el cinturón en posición vertical, por ello incluye ese funcional clip o pinza. Aunque algunos ofrecían cierta resistencia al agua, la mayoría no, así que no son IP67.

Los modelos más sencillos, simplemente indicaban una cuenta de pasos, o bien lo extrapolaban a kilómetros, millas o yardas recorridas, en base a la longitud media del paso. Nuestro protagonista, es algo más avanzado, porque incluye acumuladores de miles de pasos (a las 9), de cientos de pasos (a las 3), mientras que la aguja principal con las unidades que llega hasta los 100 pasos. Como si fuera un cronógrafo. Si lo miramos a cierta distancia, podremos confundirlo perfectamente con un Agat SOS PR-2B-2-000.



Por tanto, está diseñado para contabilizar hasta 9.999 pasos, momento tras lo cual, volverá a cero. En realidad, he visto versiones aún más completas de este mismo podómetro, que añaden una tercera subesfera acumuladora o totalizadora para múltiplos de 10.000 pasos, así que a la práctica, podrían acumular hasta 99.999 pasos.

Como podéis apreciar, consultando la esfera, vemos inmediatamente la cuenta actual, sin smartphone, sin bluetooth, sin WiFi, sin pila, sin batería, y sin necesidad de pantalla OLED. El pulsador situado a las 12, resetea los contadores. Con el fin de evitar que accidentalmente se pongan a cero, para presionar el botón debemos asegurarnos que esté totalmente alineado con el frontal. Para ello, cuenta con un agujerito que nos servirá de guía. Curiosamente, el ángulo de giro de todas ellas, es el contrario al de un reloj. Dan vueltas en sentido antihorario, o sea de derecha a izquierda.

Claro que no tiene notificaciones, ni sensor cardíaco, ni monitoriza el sueño, una funcionalidad que a nivel mecánico, sería factible. En su favor, siempre está operativo, no hace falta cargarlo, su batería nunca se hinchará, y tampoco deberemos cambiarle las pilas.



Como hacen los medidores “modernos”, podemos extrapolar el gasto calórico en base a los pasos caminados. Aproximadamente, yo consumo 43 calorías cada 1.000 pasos. Lo mismo para la distancia, que sería entorno a 760 metros (0,76 Km) cada 1.000 pasos. Cabe recordar, que actualmente se recomienda caminar entre 7.000 y 11.000 pasos diarios (dependiendo de nuestro sexo, edad, peso y condición física), aun ritmo aproximado de 100 pasos por minuto, o sea 6000 pasos por hora.

Tiene un diámetro de 44mm (60mm contando la corona), y un ancho de 18mm. El cristal es acrílico (resina o plástico), quizás sea lo que menos me guste, pero comprensible en un aparato destinado al uso deportivo, o cuanto menos, dinámico. Tiene 38mm de diámetro de esfera sin contar el bisel o borde. La caja es de acero y el pulido aún se converva casi como cuando salió de fábrica. La trasera está construida del mismo material, es por tanto ciega. Como valor de uso del dispositivo, no aportaría nada, pero visto con la mentalidad actual, me habría gustado que fuera transparente o de exhibición, y así poder apreciar su mecanismo.



La precisión con que realiza las medidas, es sencillamente excelente. Sobre una prueba de 1.000 pasos, registró 997. Esto es solamente un 0,3% de error. Una cifra, que me parece increíble en un aparato mecánico. Recordemos que en condiciones similares, la Xiaomi Mi Band Pulse registró 1.002 y el Samsung S. Health anotó 1.006. Ciertamente, el error es por defecto, siempre es más cómodo que sea lo contrario, o sea por exceso, pero superó fácilmente al software de Samsung, del que le separan 48 años. No está nada mal. No puedo decir si he tenido suerte, o ese grado de exactitud.

Cada paso contabilizado, causa un leve clic. Algo más audible que el tic de un reloj, pero menos que pulsar un botón mecánico. A algunos les resultará extraño hasta que se habitúen, a otros les resultará molesto, y al resto, les ocurrirá como a mi, y les dará un mayor atractivo. Podéis verlo trabajando, y comprender su funcionamiento en este vídeo de Youtube.

En este caso, un dispositivo mecánico, no diría que me aporta ventajas sobre uno electrónico, pero no me genera inconvenientes. Para lo que yo necesito, me sirve de sobras, igual que un reloj automático, una estilográfica, un despertador de cuerda, un cronógrafo de cuerda, una maquinilla de afeitar clásica, un teléfono de tonos, una estacióm metereológica mecánica, un disco de vinilo o una báscula analógica. Naturalmente, no quiere decir que vaya a pasar a usar un ábaco, o una calculadora mecánica, dudo que haya algo tan transportable y práctico como la Casio SL-760 ECO.