Paul Davis, día de Sant Jordi

Continúo con la iniciativa de Paul Davis, día de Reyes, es decir, regalar un relato del investigador especializado en relojes: Paul Davis, hoy con la ocasión de la Diada de Sant Jordi.

El relato con título simplemente de «Día de Sant Jordi», y que formará parte del futuro A contrarreloj. Paul Davis, quinta temporada, se desarrolla, como hoy, durante un día de Sant Jordi.

Si os agrada, recordad que los tenéis disponibles en Amazon, y que en Libro completo gratis: A contrarreloj 3. Paul Davis, el comienzo, lo tenéis completo para descargar.



Día de Sant Jordi (Por J.G. Chamorro)

La leyenda de Sant Jordi cuenta la historia de un heroico caballero, un monstruoso dragón y una princesa. El malvado dragón aterrorizaba a los vecinos de un pueblecito de la Conca de Barberà, la Villa de Montblanc. Así que, para evitar sus ataques, decidieron darle de comer dos ovejas cada día. Pero no era suficiente… así que cuando terminaron con todos los animales que tenían, se vieron obligados a hacer un sorteo entre la población y le darían al dragón una persona cada día para que se la comiese.

Llegó el día en que le tocó a la hija del rey que, entre lágrimas, suplicó: «Perdonad a mi hija y os daré todo mi oro y la mitad de mi reino», pero el pueblo se negó. De repente, cuando el dragón se disponía a comerse a la princesa, apareció el caballero Sant Jordi sobre un caballo blanco con su lanza y su escudo dorado, dispuesto a salvar a la princesa de las garras de la bestia.

Sant Jordi alzó su larga lanza y se la clavó en el centro del corazón al dragón, hiriéndolo de muerte. De la sangre derramada por el dragón, brotó un rosal. Sant Jordi cogió una rosa, se dirigió a la princesa y se la entregó, mientras que la princesa le escribió un poema de amor al caballero. Por eso, el 23 de abril, en el día de San Jorge-Sant Jordi los hombres regalan una rosa a las mujeres y las mujeres un libro a los hombres.

La onomástica de Sant Jordi es una festividad que se celebra especialmente en Catalunya, pero que irónicamente siempre ha sido un día laborable. Las calles se inundan de puestos que venden rosas, normalmente rojas, y la mayoría de librerías sacan sus expositores a la calle, dónde los paseantes pueden hojear sus volúmenes. A medida que avanza el día y van concluyendo las jornadas laborales de los trabajadores, la afluencia y el ambiente van en aumento. Es hermoso ver a las parejas con su rosa y su libro, aunque mi parte favorita sea la segunda, la literatura.

Las librerías aprovechan la ocasión a modo de feria del libro, invitando a sus autores a que firmen libros en sus locales, o bien en los stands a pie de calle. El placer de los libros y la lectura se mezcla entonces con la posibilidad de encontrarse personalmente con sus autores. Los años en que tenía un par de horas libres, era algo que me gustaba hacer.

Me encontraba paseando por la Rambla de Catalunya (no confundir con las Ramblas o la Rambla de las Flores), contemplando los mostradores llenos de libros, y las colas de lectores esperando su turno para que el autor les dedicara su ejemplar. Los escritores de fama, contaban con largas filas de «fans» aguardando su turno, supervisadas incluso por guardias de seguridad. En los autores desconocidos la cosa era bien diferente, sentados en sus sillas esperaban que algún transeúnte les reconociera. La mayoría de ellos eran un término medio, ni eminencias, ni desconocidos; con una fila delante de ellos de entre cinco y diez personas.

Así fue como me llamó la atención uno de los autores, para mi anónimo en aquel momento. Llevaba junto a las mangas de su camisa un bonito Kronos Pilot Moonphase, un reloj poco conocido, y a la sazón, exactamente el mismo que yo llevaba en mi muñeca desde hacía un tiempo.

Me acerqué a aquel hombre, aparentaba unos cuarenta y pocos años, aproximadamente de mi estatura, con unas gafas graduadas Persol de montura azul.

—Buenas tardes. —dije yo mientras ojeaba los ejemplares que le rodeaban con cierta curiosidad.

Captó mi atención que los volúmenes, unos cuatro o cinco de distintos títulos, solían incluir motivos relojeros en la portada. Aquello me incitó a conversar con él, después de todo, siempre es interesante compartir anécdotas relojeras.

—Bonito reloj. —le dije yo. —Un Kronos Pilot…
—Pilot Moonhpase. —me cortó él como leyendo mi mente. —Una gran marca española… —observó.
—Fundada en 1930… —continué yo. —Precisamente en esta ciudad, en Barcelona, de la mano del Don Carlos Vendrell.
—Así es. El Pilot Moonphase, con la referencia 718.35, monta un completo calibre mecánico de carga automática. Un ETASA 7751. —me aclaró.
—25 rubís, una frecuencia de 28.800 vph, 48 horas de reserva de marcha, posibilidad remonte manual, parada de segundero, cronógrafo, indicador de fase lunar, … —enumeré yo sus características.
—Veo que al igual que yo, es usted un gran conocedor del mundo de la relojería.
—Muchas gracias. —concedí. —Paul Davis, investigador privado especializado en relojería. —dije presentándome.
—J.G. Chamorro, escritor. Y si me permite imitarle, escritor especializado en relojería.

Chamorro era un escritor novel, en efecto empezaba a ir ganando fama y reconocimiento, pero estaba lejos de ser un autor de best-sellers ya consagrado. Había comenzado a escribir de forma casual, y con lo que se llama una vocación tardía. De hecho su profesión, no tenía nada que ver ni con los relojes, ni con la literatura. Se dedicaba a la tecnología.

Se trataba de un hombre cercano y asequible, aunque como yo, algo serio. Se le notaba que disfrutaba escribiendo, y hablando de sus novelas. En aquel momento me pregunté si llegado el caso de que saltara a la fama, seguiría siendo tan accesible y tan apasionado como a mí me pareció. La inesperada charla fue agradable. En cierta forma sentía como si conociera a Chamorro desde hacía décadas. Si bien éramos diferentes, en seguida me di cuenta que ambos compartíamos mucho en común.

Sólo me faltaba una cosa por hacer.

—¿Le importa hacerme una dedicatoria? —quise saber.
—No faltaría más. ¿Qué título prefiere que le firme? —me preguntó ilusionado.
—Creo que me llevaré todos.

Salí de allí con su primera, segunda, tercera, cuarta y quinta temporada. Todos ellos firmados y dedicados por su autor. Abrí uno de los tomos arbitrariamente, y leí lo que el autor me había dedicado:

«Para Paul Davis, como yo, un apasionado de la relojería.
J.G. Chamorro»

Caminé hacia casa pensando en cómo los relojes son capaces de atraer, o de unir a unas personalidades tan dispares como las nuestras. Un investigador privado, y un escritor.

Notas a «Dia de Sant Jordi»
Hace un tiempo que Fénix Hebrón escribió el relato «Mi propia historia», y que se incluyó en «A contrarreloj 7. Paul Davis, control de aduanas» dentro de «A contrarreloj. Paul Davis, primera temporada». Casualmente volví a leerlo hace unos días, y me encantó como jugaba conmigo mismo: J.G. Chamorro, el autor, haciéndome formar parte de la ficción, como un meta-personaje. Otra cosa que me pareció ingeniosa fue adelantarme al futuro, haciendo que Chamorro, firmara también el «Quinta temporada», precisamente este volumen que tienes en tus manos, y que naturalmente, aún no había terminado de escribir cuando narré la historia.

Entonces surgió la pregunta: ¿Qué pasaría si Davis y Chamorro se encontraran? Tenía claro que hablarían de relojes, pero ¿dónde se encontrarían?

8 comentarios en “Paul Davis, día de Sant Jordi”

  1. Buenos días D. Javier y resto de lectores.

    Gracias por permitirnos la lectura de este pasaje.
    Enhorabuena por tus creaciones literarias de ficción y, sobre todo, por esta bitácora de expresión y discusión sincera.

    Feliz día de San Jordi.

  2. Gracias por este texto tan interesante GUTI, saludos a Sergi, aquí encerrado en mi casa, estos escritos son un tesoro.
    Muchas gracias y saludos a todos.

  3. Gracias por compartir con nosotros,Guti.
    Cómo siempre,es un placer tu compartir en este estupendo blog.
    Feliz día a todos

  4. Para mi el W-218 Ricardo, a diferencia del W-217 me parece un reloj precioso. Es cierto que sigue teniendo un módulo muy sencillo, pero eso que se parezca tanto a un DW-5600 es algo que me encanta. Lo que no me explico es porqué parece que tuvo tan poco éxito de ventas.

Deja un comentario